El regiment de la cosa pública. Sobre la Diada de 2012
Ayer no pude ir a la manifestación de la Diada y bien que lo siento. Razones profesionales me obligaron a viajar a Madrid. Mi intención era ir y gozar, como gocé del país en setiembre del 77, en el concierto de Amnesty del 89, durante nuestros paseos familiares en las Olimpiadas del 92 por la ciudad de Barcelona o en la manifestación por el dret a decidir. Hace dos años, el 10 de Julio estaba en mi exilio veraniego escandinavo pero mis hijos me mantuvieron bien informado. Tomo hoy la pluma, hoy más que nunca en castellano, puesto que escribo para que me entienda quien quiera hacerlo.
En 1385 un franciscano oriundo de Girona, Francesc Eiximenis escribió para los jurats (concejales) de Valencia un librito en catalán (o en valenciano si lo prefieren aunque no creo que Eiximenis fuese consciente de ello) que tituló Regiment de la cosa pública, un manual sobre práctica política y moral para ediles y cargos, un tratado de filosofía política que, poniendo en sordina las dimensiones religiosas propias del fin del medioevo, es aun hoy una reivindicación de la res pública civil. Me he dedicado treinta y cinco años profesionalmente como antropólogo y como historiador, al principio sin ser muy consciente de sus implicaciones, al estudio de la práctica política pública en salud y acción social: esto es los modos como la res pública gestiona la locura y la sanidad en la Catalunya moderna y contemporánea. Frente a la idea maurrassiana de un nacionalismo identitario de raíces linguïsticas y culturales que va desde la danza a la canción, desde la mitología a los símbolos, me he confrontado con la locura, la enfermedad y la salud y como la res pública en Catalunya, el catalanismo, asume su gestión. Bien en forma de fundaciones asistenciales: hospitales, asilos, bacins dels pobres vegonyants, enfermos, discapacitados y locos, bien a partir de la consciencia relativa a la responsabilidad individual y colectiva en relación a los que hoy se llaman colectivos vulnerables. Estos colectivos vulnerables y esas instituciones son ubicuas en el Occidente latino y no latino . Pero no son idénticas en todas partes y asumen perfiles culturales e identitarios distintos. Participan de la producción de identidad colectiva, de la toma de consciencia acerca de la cosa pública y su regiment mucho más que la lengua y lo que pueda considerarse folclore. La cosa es que el “problema catalán” es decir la incomprensión por parte de los no catalanes de la singularidad cultural y societaria catalana se lee en términos de maurrasianismo por la España cañí, y no en términos de res pública porque ésta exige ciudadanos conscientes y no súbditos. Irónicamente puedo decir que la España cañí es por esto maurrasiana y no res publicana, y ese ha sido siempre su problema.
El regiment de la cosa pública, tal como se ha ido transmitiendo de generación en generación en el Principado, adaptándose al mercantilismo a la proto-industrialización y al capitalismo desde el siglo XVIII ha desafiado en sus experimentos de prácticas sociales y culturales – para quien le interese dispongo de la documentación específica- los intentos de centralización legislativa desde el Decrerto de Nueva Planta hasta ahora. La hipertrofia legislativa del Estado, que nunca se traduce en prácticas públicas consistentes – vease el caso de la legislación de Beneficencia pero también el modelo del INSALUD hasta las transferencias actuales – , topa por su rigidez con la fluidez y la complejidad social creciente que han significado en Catalunya, la revolución social, cultural e industrial que ha supuesto el capitalismo y la necesidad de adaptar al regiment desde la conciencia colectiva de su responsabilidad en relación a ciertos problemas sociales.
El uso secular de herramientas jurídicas como las fundaciones, el aprendizaje generacional de determinadas concepciones de las libertades ya presentes en els Usatges y el papel fundamental de mediación de los notarios en las polémicas jurídicas y de los jueces han dado lugar a una cultura civil que va más allá de la aplicación mecánica de la norma. Conduce a una forma de producción cultural -social y política -, inevitablemente dialéctica y que tiene que verr con el viejo concepto de usos i costums (usos y costumbres) que de generación en generación contribuyen a la resolución de conflictos de convivencia y constituyen en la argamasa que estructura lo que hoy solemos llamar la sociedad civil. Aunque el uso convencional del concepto parece universal, la sociedad civil solo puede operar en marcos relativamente reducidos territorial o identitariamente. Ninguna norma y ninguna regla puede resolver la fascinante diversidad de casos: el derecho anglosajón lo ha resuelto a partir de unos procedimientos fundados en la casuística y en lo que mi buen amigo Louis Assier-Andrieu llama “autoridad del pasado”. Le confiere una flexibilidad enorme y una enorme capacidad de adaptación a las mutaciones sociales.
La sociedad civil se constituye en base a redes sociales (un concepto que en ciencia sociales manejamos desde principios del siglo pasado), y hoy se amplian, hasta cierto punto, solo hasta cierto punto de manera virtual. La construcción de la sociedad civil, de la cosa pública se hace desde abajo hacia arriba, nunca de arriba abajo: el error del despotismo ilustrado hoy llamado también populismo y que ordena y manda a súbditos pero no a ciudadanos asfixia a la democracia y a la producción de sociedad civil, es que acaba siendo una forma inevitable de tiranía. El error de la sociologia decimonónica, atrapada en el presentismo derivado de la construcción dela democracia liberal fue identificar Gemeinshaft con el pasado y Gessellshaft con el futuro, como si la sociedad civil fuese un hecho universal de fraternidad utópica y no el producto de procesos dialécticos locales de hegemonía y subalternidad – en general la izquierda española no lee a Gramsci – en donde las relaciones cara a cara no pueden únicamente vincularse a relaciones de patronazgo propias de los modelos feudales o caciquiles, sino que operan en la modernidad de formas muy diversas.
Al trasladar la mirada desde el nivel de la producción legislativa a la práctica cotidiana y de las estrategias cotidianas para resolver los problemas que se plantean en la cosa publica puedo observar que hay un distanciamiento evidente: la cosa publica resuelve o crea los conflictos menos en base a la legislación, como en base a las fórmulas de convivencia y consenso que esa sociedad civil ha ido aprendiendo e incorporando en su dialéctica cotidiana muchas veces forzando los límites de la arquitectura jurídica. Invocar como se hace aquí “Constitución” es dejar de hablar de democracia y imponer una forma de tiranía.
Ayer en Barcelona, incluso sin haber estado presente, lo que se puso en evidencia es la conciencia res publicana de la sociedad civil catalana, la prueba que el regiment de la cosa pública del estado, que se pactó en 1978 con los sables de la Junta de Jefes del estado Mayor sobre los ponentes constitucionales, ha muerto. Es a este nivel de conciencia constitucional – “perque el rei Nostre senyor declarada ens te la guerra” dice el texto original del Segadors – lo de el Rei Nostre Senyor suena aun hoy impresionante por lo que supone de reconocimiento y respeto, revela a la vez que los implícitos del pacto constitucional de 1978 estan fenecidos y que frente a la imposibilidad de una reforma coherente, el catalanismo res publicano decide pasar de ella. El problema está la disfuncionalidad entre el modo como el regiment de la cosa pública es entendido aquí (en términos de res publica) y una realidad de allí basada en el ordeno y mando amparada en el dispositivo judicial y nada atenta a la diversidad cultural y social. En épocas pasadas, la propia debilidad del Estado permitía un cierto laissez faire en los márgenes bajo la tutela militar, por supuesto, pero el modelo de estado actual y si situación internacional tienen menos flexibilidad al respecto salvo en regímenes federales (Canada) o confederales (Suiza) que son los únicos que pueden arbitrar el respecto a las minorías.
He aquí un ejemplo: Catalunya es el único territorio del Estado que entre 1812 y 1967 no tuvo hospitales provinciales – el único es el Clínic de Barcelona y porque los profesores de medicina querían salir de la Santa Creu – ni manicomios provinciales – salvo Salt a partir de 1904 y La Clínica de Santa Coloma en 1925-30. No los tuvo porque la cosa pública a escala local supo preservar los hospitales locales más allá de las desamortizaciones porquqe los consideraba esenciales para el regiment local. Al Estado le venia bien, no le costaba un duro y podía ganarse una cierta conllevancia con las clases dirigentes locales.
El embodiment del regiment de la cosa publica en Catalunya, lo analizaron profundamente historiadores como Pierre Vilar, Vicens, Fontana, Termes, y algunos otros. Para ellos y para mi la identidad catalana es mucho mas el producto de una forma específica de sociedad civil, de Gemenishaft fuertemente enraizada en un modelo consuetudinario de regiment de la cosa pública más incluso que en la lengua. Hace unos meses en el pueblo en que resido – Creixell – al que yo mismo consideraba invertebrado por múltiples razones – el concejo municipal convocó a las ciudadanos a una reunión para exponer la gravísima situación de quiebra del municipio. Somos unos 2000 y fuimos unos 600 . Confieso que fui escèptico, pensaba que no iba a ir casi nadie. Lleno total, serenidad, sentido común, confianza de que podíamos salir de ello, ningún grito extemporáneo. Al salir le dije al alcalde que tras tres décadas de vivir en el pueblo fue la primera vez en que me había sentido ciudadano del mismo: nunca antes se había hecho algo igual. La crisis, como todas las crisis a escala local implican una toma de consciencia del la res publica.
Lo de ayer en Barcelona debe leerse en estos términos. Yo no me tengo como ingenuo ni por alguien alienado por las soflamas de CiU como dicen algunos medios madrileños. Antes al contrario, el perfil sociológico de ayer, y los comentarios que oyes en tu red social van precisamente por el camino contrario: el oportunismo de Duran Lleida – un tipo listo e inteligente – fue recompensado por una pancarta Duran, que cony fas ací! (que c… haces aquí). Hace algunos años, en tiempos del show esperpéntico del Tribunal constitucional, Xavier Bru de Sala escribió en La Vanguardia que contra las apariencias el catalanismo no había desparecido, se había agazapado. Lo comparto, lo hizo durante la Dictadura de Primo de Rivera, entre 1939 y 1960, e mucho menos que entonces los últimos años. Bru decía que reaparecería. Confieso que anteayer llegué a tener incluso dudasde que lo hiciera, puesto que he estado en el extranjero dos meses. Al salir de casa y enfilar la autopista AP-7 a las 17.30 de la tarde en dirección a Tarragona, por la calzada contraria no circulaba nadie en una tarde de operación retorno de puente largo. Llegué a la estación, puse la radio, quedé enganchado hasta que más allá de Zaidín la FM dejó de captarse…. Contento.
La retórica de la transición jamás ha entendido las diferencias entre nacionalismo identitario y catalanismo res publicano, el primero es una cosa a la que puede aplicarse el modelo derecha-izquierda hasta cierto punto, el segundo por res publicano es transversal – tanto que el PSUC hizo una labor que merece una memoria especial por incorporar a la cosa publica a los inmigrantes – . Mis colegas extranjeros que conocen Catalunya insisten que es una res publica. Hace algunos meses, en un post de este mismo blog, me sentía escéptico, o quería ser escéptico. Hoy no.
Oi ayer un fragmento de un debate en Telemadrid y he visto hoy las portadas de la prensa de Madrid y alucino salvo alguna excepción. O no han entendido nada, lo cual no es malo porque se resuelve hablando y pactando; o si lo han entendido y cuentan lo que cuentan es que no piensan en el debate res publicano sino en el ordeno y mando – ver el Mundo hoy – . Hay una clase dirigente del Estado que funciona bajo una fachada democràtica pero opera en términos de discursos populistas que ruborizarían a Franco o a Miguel Primo de Rivera. España no es una res publica porque no puede hacerse res publica sin res publicanos que practiquen el pacto y la tolerancia. Se les hace imposible entender – y tolerar – la profundidad sociológica y antropológica que eso significa, porque en el fondo de sus conciencias menosprecian a los que no son de lo que creen es su clase, o lo que es su clase.
Ayer, el segundo mensaje en lengua no catalana de la manifestación fue una alocución en portugués. Alguien me dijo que era raro. Pues no, Catalunya y Portugal comparten una sociedad res publicana con todos los matices culturales que uno quiera.
El problema es que la emergencia ayer de la res publica catalanista pilló a los partidos políticos – incluso a los catalanistas – a traspiés. Ayer se desvaneció la retórica vacía del PP sobre el patriotismo constitucional aznariano y el Partit dels Socialistes de Catalunya, salvo una minoría que desafió a la dirección porque vive con los pies en el suelo y conoce el país, de no cambiar de paso rápidamente, rompiendo si conviene – y le conviene – con el PSOE, puede acabar disputando el voto Front National al PP en el antiguo cinturón rojo de Barcelona, en la estela de Don Alejandro Lerroux… Lo de CiU tambien tenía tela, ver a Duran en silla de ruedas significa que Durán ayer sabía que c’était une Revolution que no quiere le deje descolgado. A los independentistas hay que decirles que s’ho facin mirar porque aun no se lo creen pero deben interpretarlo en terminos de catalanismo res publicano y menos de independencia tout court.
Mi hijo me criticaba hace un par de días de que yo no contaba estas cosas y me lo criticaba. Pues bien, puedo y quiero hacerlo aunque soy escéptico sobre mi capacidad de influencia, más bien nula. Pero como soy un docente puedo intentarlo. Supongo que el problema es explicar a los súbditos del Estado como es la herencia cultural populista y franquista encastillada en el aparato del Estado y la necesidad de una nueva consciencia del regiment de la cosa publica o mejor del regimiento de la cosa pública para construir una ciudadanía res publicana – que puede vivir en un regimen monárquico si es como el sueco o el noruego – . Lo de ayer en la calle no fue nacionalismo catalan, ni siquiera independentismo: a mi la estelada no me ha gustado nunca (es fea y se parece a la bandera de Texas) pero ayer era necesario un signo contundente y la senyera no lo era suficientemente para visibilizar la emergencia del catalanismo res publicano, y el fin de fer la puta i la ramoneta (el peix al cove de Pujol). Lo de ayer es una movilización transversal de la clase media ilustrada y no ilustrada del país – el concepto de clase obrera o proletariado hoy solo es aplicable a los inmigrantes extracomunitarios – que la prensa hegemónica en Catalunya ha sabido captar magistralmente (vease la posición de La Vanguardia, el Periódico, Ara o Avui/El Punt) con sus evidentes matices, e incluso por los articulistas de El País – especialmente Culla, Subirats, Ramoneda i Masó) que está harta de hacer la puta i la ramoneta ante un aparato de Estado postfranquista y con ansias de reaccionarismo franquista. Esa movilización exige, antes que la misma independencia, que el regiment de la cosa publica se base en un debate sin límites, cortapisas ni a prioris constitucionales puesto que esta claro que la actual rigidez constitucional es el principal problema – junto a lo que pugna por mantenerlo a toda costa – , y que no parece haber ninguna voluntad de retocarlo. Peridis, hoy en El País en su viñeta lo intuía, el catalanismo res publicano puede aceptar el concierto económico incluso en términos más suaves (más cupo para el Estado) que el país Vasco y Navarra, pero no el modelo actual.
Me dice algun colega que ante esto de la independencia de Cataluña se iria a Murcia. Yo no me iré a Murcia si somos independientes. Me siento orgulloso de mi catalanismo res publicano y llevo años tratando de hacer una modesta pedagogía del mismo como historiador. Pero de seguir como ahora, y si las cosas siguen como están si me voy a vivir a Escandinavia o a Nueva Zelanda o a Portugal. Allí siento que se espera que sea un ciudadano, aquí me quieren de súbdito – y además pagano, cornut i pagar el beure – de la España cañí.
Desde Madrid, 12 de setiembre de 2012