El estadio necropolitano de Emmanuelle Godeau
Godeau, Emmanuelle
L’«esprit de corps». Sexe et mort dans la formation des internes en médecine
2007 Paris, Edition de la Maison des Sciences de l’Homme.

El día que entré, con dieciséis años, en la Facultad de Medicina de Barcelona, en el primer intermedio entre clases, nos llevaron al “estadio necropolitano”. La sala de autopsias estaba en la planta baja y se accedía por una puerta altísima. A la izquierda, una mesa de mármol con una chica joven desnuda, cérea. A la derecha una grada como la antigua de General del campo de Sarriá, donde de pie y apoyado en las barras de hierro roido podía contemplarse a la que fuera una chica en la misma actitud que servía para contemplar a Kubala en su etapa perica. Algunos habían traído del bar bocadillos de jamón coníapan con tomate. Comían y reían. De historias más o menos macabras de estudiantes de medicina anda llena la literatura, el cine, y las series de televisión, y si no que se lo digan a Dirk Bogarde que basó su prestigio en la serie de médicos que produjo la Ealing en los cincuenta, o a Richard Chamberlain al que Dr. Kildare proporcionó la fama suficiente para una carrera posterior. También Baroja se despachó a gusto sobre la facultad de San Carlos en Madrid y Luis Suñé i Molist (1883) en Los Misterios del Hospital trazó un impresionante y folletinesco fresco sobre el Hospital de la Santa Cruz de Barcelona en la segunda mitad del XIX. Son incontables las memorias de médicos norteamericanos sobre sus carreras, y solo quiero citar aquí a Melvin Konner (1988), un doctor en Antropología con una tesis sobre bosquimanos que a sus treinta años decidió estudiar medicina y cuenta cuanto le sucedió. Este libro, se inscribe en ese género, el de narrativas académicas sobre la formación médica y sus rituales. Buena parte son etnografías puesto que en ellos domina la observación participante, el uso de la autoetnografía, o relatos de vida o entrevistas en profundidad. Por eso hay cierta continuidad entre el abordaje del tema por los científicos sociales, las narrativas biográficas o autobiográficas y la ficción – a veces pseudo documental – del cine y la televisión. Pero, aunque hay continuidad entre ellos y Godeau el potencial lector hará bien de no ignorar este libro pensado que es más de lo mismo. Pues no, el abordaje de la autora es distinto y particularmente interesante, puesto que no surge directamente de la antropología o la sociología médicas relacionadas con el estudio de las profesiones sanitarias, sino desde el cruce entre estas y los estudios desalvaguardia del patrimonio etnológico – o histórico como se prefiera – , local. Y local no significa parochial puesto que los autores anglosajones también son parochial en relación su mundo médico muy distinto y bastante distante de los usos europeos. Más aun, lo que estudia, reconstruye y salva Godeau, es una institución idiosincrásica francesa, el internat desaparecida recientemente por un cambio legislativo tras unos orígenes legales se remontan al periodo napoleónico y que junto a las Grandes Ecoles ha sido fundamental en la producción de notables, y a una producción cultural colateral original y con un modelo de organización particularmente interesante. La autora es una médica que orientó su tesis en Antropología al estudio de los rituales y la producción cultural de los médecins internes des hôpitaux, un invento napoleónico que andando el tiempo inspiraría el modelo del resident americano y de los MIR españoles actuales. El internat, como la funcionarización en el siglo XIX de los médecins y psychiatres des hôpitaux significó cambios importantes y estrategias específicas en la construcción de las carreras profesionales de los médicos, en la delimitación del modelo médico hegemónico internacional, y en la jerarquización del personal sanitario en las instituciones. El internat era el paso necesario para que el médico se convirtiese en especialista pero también en un notable entendido ello en su dimensión profesional, académica, económica y política. La estabilidad de las instituciones napoleónicas en Francia más allá de las coyunturas constitucionales, y su mantenimiento hasta el s.XXI las ha doblado de rasgos culturales originales que han podido (re)producirse a lo largo de dos siglos.
Es necesaria esta puntualización para situar el libro en unas coordenadas comparativas, que la propia autora apunta estableciendo similitudes y diferencias con los casos norteamericano y británico. El libro combina un estudio de profesiones icon un análisis entomológico de la construcción identitaria a partir de la producción ritual y cultural – y en donde tanto la perspectiva de género como Goffman no están nunca muy lejos. La singularidad francesa, y lo que convierte el caso en interesante desde el punto de vista comparativo, es la peculiar riqueza ritual e iconográfica de los espacios y de las relaciones en los cuales la vida del interne se produce, y que por sus características comparten no pocos elementos con la vida paralela del servicio militar obligatorio: ritos de paso, novatadas, carnavales, rituales de inversión. Y todo ello organizado en tres temas: el sexo, la escatología y la muerte en un internat dominado casi exclusivamente por hombres pero al que en el último medio siglo se incorporan la mujeres lo cual aporta fascinantes fenómenos de construcción y mestizaje cultural. Y si, la vida paralela en el servicio militar se situaba en el terreno de lo que Goffman (1968) llamara adaptaciones secundarias, el internat es una institución formal, a la que el propio sistema reconoce un grado de autonomía y autogestión. Y que aparece como una estructura que formando parte del mismo opera como un complemento necesario para producir determinados efectos en el futuro: reforzar determinados lazos relacionales que se proyectaran en la vida profesional futura y reforzar la identidad de las instituciones locales. La tesis y el libro presenta el internat como un rito de paso personal que afectó casi exclusivamente a hombres hasta la Segunda Guerra Mundial, y en se organiza en torno a seis arenas o escenarios que se analizan sobre la base de observación participante en distintas universidades francesas, mediante el recurso a la auto etnografía, y mediante un trabajo muy sistemático de fuentes narrativas que hacen referencia al internado, así como mediante un amplio uso de fuentes visuales en parte reproducidas con un nivel de calidad notable e el libro. Distingue Godeau seis espacios: la disección en el anfiteatro anatómico, el propio concurso de internado, el bautismo del neófito, la vida cotidiana en las salles de garde que son los espacios asignados a los internos en los hospitales así como la organización autónoma que permitía la reproducción del sistema, los entierros – del bautismo a la tumba- de los internes, con un colofón fascinante sobre la organización anual o bianual de revistas musicales – como las de Colsada en el Apolo de Barcelona las del teatro Ruzafa de Valencia o en La Latina de Madrid – por los internes y presentadas al público y en la que transvestismo, diálogos picantes y mucho cachondeo eran la base del espectáculo. No quiero contar lo que Godeau cuenta. Puedo asegurar al lector, especialmente al que quiera acercarse al mismo por curiosidad personal, que la calidad de la narrativa etnográfica es tal que el libro resulta fascinante y evocador, pero al mismo tiempo con una gran calidad académica y erudita en manos de una autora ya no tan joven, que vivió ella misma l’internat y que no desdeña cierto carácter entre nostálgico y elegíaco. No quiero terminar sin recomendar una vez más la lectura del libro. El francés ya no es la lengua franca que fue, pero este tipo de etnografía puede ser de muchísimo interés en la medida que ofrece una perspectiva metodológica interesante, accesible sobre un sector de la memoria cotidiana de todos nosotros que, en España, no ha tenido mucho eco. Es bien cierto que las circunstancias son distintas, pero en Barcelona, hasta 1969, los estudiantes de Derecho practicaban el “juicio bufo”, un ritual carnavalesco al que aun pude asistir en sus dos últimas ediciones y que congregaba en la Diagonal a un par de miles de estudiantes. Hay una memoria nuestra, mucho más modesta que vale la pena recuperar y este libro puede ser una puerta abierta a como hacerlo.