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Singapur. Mestizajes culturales

18 de febrero de 2010

Muy alejada de la ciudad en la que hizo escala Fogg, Singapur es una ciudad estado como podia serlo la Florencia de Lorenzo el Magnífico. Tiene un gobierno de esos que llaman democràticos pero…, un nivel de vida helvético, y un espacio público más limpio que el de la Confederación donde escupir, blasfemar o la palabra soez están multados. Sin tener nada muy particular ni un centro histórico como el de Florencia o México, es uno de los mejores y más elaborados ejemplos de ethnoscape multicultural, tal y como los define el hindú Appadurai, afincado en Chicago. Me gusta. El cemento capitalista en el puzzle cultural convierte en su seña de identidad, venderlo todo, y añadiré, saberlo vender todo, que no es poco mérito.

En esa sociedad post-colonial, a cincuenta millas náuticas del Ecuador, a una temperatura media de unos 30º Celsius y una humedad que justifica tomarse un gin tonic bien helado en la terraza interior del Raffles – también està la oportunidad del whisky e malta o de la excelente cerveza local, la commemoración del festival capitalista que es la Navidad y sus fiestas en Occidente adquiere unos perfiles absolutamente interesantes, singulares, inigualables. Representaciones de la nieve, de árboles de Navidad, Barbie convertida en Papá Noel y Merry Christmas a todo pasto y villancicos en una sociedad distribuida entre tamiles y malayos de confesión musulmana, chinos e hindúes budistas. Tanto da, lo que cuenta es vender. A la cámara-ojo le fascinaron las luces y los colores, quizás porque, también en mi horrible adolescencia, las luces navideñas en Barcelona, con sus elementos kitsch diluían el horror de una ciudad tenebrosa.