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Me resistí durante años a empezar un blog. Siempre me ha costado mucho escribir cosas cortas. Por eso he publicado poco en los periódicos. Después de casi medio siglo dedicándome a la Antropología social, que es mi profesión, los posts me ofrecían una posibilidad nueva que ahora, cuando estoy en mi 75 año de vida quiero proyectar en un entorno comunicativo nuevo.

Me resistí durante años a empezar un blog. Siempre me ha costado mucho escribir cosas cortas. Por eso he publicado poco en los periódicos. Después de casi medio siglo dedicándome a la Antropología social, que es mi profesión, los posts me ofrecían una posibilidad nueva que ahora, cuando estoy en mi 75 año de vida quiero proyectar en un entorno comunicativo nuevo.

Este entorno es inevitablemente personal que quiere romper con las rigideces de la comunicación académica pero sin renunciar por completo. Es un espacio que no me obliga a una estructura narrativa como la académica y que me permite un grado de libertad personal.

Lo de los blog es curioso. El gran Jean Baptiste Ardilla (1772-1840) hablaba, en un informe a un ministro en 1818 de sí sólo había escrito para sí mismo. Mi manía es que este espacio sea un espacio misceláneo entre la escritura y lo que es sonoro o visual. pero me parecería una trampa ocultar al potencial lector mis sesgos profesionales. Los de mi oficio somos por naturaleza unos mirones. En los tratados académicos lo llaman «etnografía asilvestrada», pero si por algo valen treinta años de experiencia es ofrecerles una mirada libre sobre el mundo de la que han nacido y nacen las cosas que me interesan.