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José David Sacristàn, entre el pasado y del futuro

31 de mayo de 2011
José D. Sacristan de Lama (Roa, 1949)

Sacristán de Lama, José David
La próxima Edad Media
2008 Barcelona: Bellaterra

Sacristán de Lama, José David
Entre el fracaso y la utopía. Los próximos veinte años.
2010 Barcelona: Bellaterra

Nos conocimos los años heroicos del Plan Maluquer de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona. Compartimos aulas, viajes y una amistad que no por encuentros intermitentes se basa en lazos menos débiles. Tuvimos soirées apasionadas entre alcohol y maíz frito con Alberto Romero de Tejada en un piso, que considerábamos burgués, en Esplugues de Llobregat, al final de la Diagonal. Alberto tenía una vasta biblioteca, José David, era el hijo de un negociante y de una farmacéutica de Roa de Duero, yo era estudiante a medias de antropología y  clínica y Alberto ingeniero industrial. Enamorados de la Antropología de los cursos de Claudio Esteva compartimos noches de discusiones enloquecidas sobre cuanto hay de divino y de humano en un salón confortable con una biblioteca que ya aventuraba, en el Alberto, su futura dedicación a la expertise del arte de las sociedades aborígenes.

José David encaró la arqueología, el bronce y el hierro de la Meseta ue estaba esperando ser descubierto en cenizales, vestigios de una cultura periférica tan lejana y tan distante de las colonias griegas y romanas de sus maestros, Maluquer, Palol, Pericot, senyors de Barcelona de cultura enciclopédica, discípulos de la generación de Bosch Gimpera. En la Barcelona tardofranquista, cosmopolita, abierta a las vanguardias europeas, la Dictadura hizo posible un underground fascinante. El propio Pla Maluquer una utopía académica anglosajonizante pero con los ribetes ácratas de la Rosa de Foc permitía disfrutar del mejor Esteva, el de la magia parlante, junto a asignaturas tan imposibles (o tan posibles) como “El monismo spinoziano de la sustancia” y un clima fascinante de libertad en una Dictadura agonizante y siniestra, Las librerías de la ciudad: Herder, el Cinc d’Oros, Catalonia, la Francesa, Ancora y Delfín ofrecían no solo la producción local, en la epoca dorada de la traducción de ensayos y obras académicas por Barral, Anagrama, Alianza y por el impresionante trabajo de traducción y difusión que las majors latinoamericanas, el Fondo de Cultura enconómica, Losada, Amorrortu y tantas otras que nos permitían adquirir, a precios no baratos, la producción internacional en inglés, francés, italiano o alemán.

Habrá quien piense en esos tiempos con horror. Lo era, pero entre las cenizas crecían diamantes ocultos si uno sabía buscar, remenar en las librerías de viejo y en los cines, en el Mercat de Sant Antoni los domingos, donde podías codearte con la pequeña elite de bibliófilos de la ciudad y muy especialmente con Ramón Sarró.

José David volvió a Castilla. Trabaja como arqueólogo para el gobierno castellano-leonés desde hace tres décadas y desde hace años ha desarrollado un alter ego como ensayista. O es que es posible el essai sin alter ego. Claro que en sus ensayos se proyecta su condición de arqueólogo de campo, de historiador, pero también su formación en Antropología en unos años donde esos maridajes no eran fáciles de aceptar. Y es esa multidisciplinariedad, la que le permite abordar, con una mezcla de sutil ironía y de escepticismo, dos libro sobre el futuro a partir de una mirada ni ingenua ni mecánica sobre el pasado.

Los dos ensayos podían haberse publicado juntos, quizás debían haberse publicado juntos, pero el autor necesitaba tras el primero un proceso de revisión dialéctica que posiblemente no lo hubiese permitido. El argumento central de ambas obras está profundamente articulado internamente, y por eso deberían leerse de corrido. Su reflexión parte de un intento de comprender nuestro contexto actual a partir de una comparación nada mecánica con la crisis del pensamiento clásico y la hegemonía del pensamiento religioso que dio origen a lo que solemos llamar Edad Media. Pero es una comparación llena de ironía y de sabiduría, una metáfora para representar los aspectos más sombríos, oscuros y siniestros del mundo que compartimos.

Desde un punto de vista convencional el concepto de Edad Media en sí mismo significaba una involución entre la Antigüedad clásica y el llamado Renacimiento, hoy re-etiquetado como Early Modernity. Yo no creo que tras la revolución que significaron la combinación de universidad, la separación de la teología de la filosofia natural por los escolásticos en el s.XIII y la recuperación del naturalismo aristotélico no deba hablarse de Renacimiento, o de proto-renacimiento. El autor en este caso utiliza la metáfora , puesto que no pretende ninguna comparación con la caída del Imperio Romano aunque si pone de relieve la crisis de algunas civilizaciones aparentemente bien sólidas para poner distancia y relativizar algunos discursos actuales, en la económico y en lo político respecto a la sostenibilidad. Y ahí es donde halla elementos de la vida actual que sí suponeun proceso de involución. Frente a los argumentos de linealidad e irreversibilidad de determinadas tendencias o conceptos, y no el menor el de progreso y desarrollo, puede haber procesos involutivos de naturaleza económica y cultural. El diagnóstico que hace es muy severo puesto que parte de una lógica analítica perfectamente plausible: un colapso energético basado en la generalización de un modelo de desarrollo elitista y una involución de la población humana. Pero el autor no adopta un aire apocalíptico, estima que hay margen para la corrección. Dicho con un ejemplo ¿es posible pensar que las llamadas potencias emergentes puedan alcanzar un nivel de consumo como el de los europeos y norteamericanos actuales sin que los fusibles se fundan? Europa y Norteamérica, más Japón, Australia y Nueva Zelanda suman apenas unos 800 millones de seres humanos. Solo India y China, más de 2000. Muchas veces pienso que si India y China se llegana motorizar como Europa y los Estados Unidos significaria que habría unos 1100 o 1200 millones de automóviles más. ¿Quién va a decirles a los Chinos que renuencien a ello…?

Las actuales revueltas en el Norte de África ponen de relieve como son las clases medias jóvenes, con formación académica las que lideran los procesos, no los islamistas. No se ven en muchas revueltas ni burkas ni pañoletas. Tampoco en otras revueltas más cercanas. Se dice que es porque las nuevas generaciones del desarrollo no van a alcanzar el nivel de sus padres, pero en otros países porque las nuevas generaciones no podran alcanzar ni siquiera los límites de los que ahora son conscientes de ello en Occidente. Egipto casi llega a los 100 millones de habitantes, Brasil tiene casi 200. ¿Es posible nivelar por arriba?, se plantea José David. Sabe que no. El café para todos no es posible porque los recursos son limitados.

La Próxima Edad Media llama la atención sobre la imposibilidad de resolver esa ecuación sin cambios muy profundos y muy dolorosos y que no solo implican una reconsideración del fundamentalismo económico, sino una mirada escéptica y crítica, difícil de sostener en un contexto basado en la simplificación de los mensajes y la caricaturización de la una complejidad inherente a la sociedad contemporánea.

Entre el fracaso y la utopía, a pesar de un inevitable pesimismo que comparto, o quizás mejor a remolque del escepticismo que da el discurrir de los años, habla de un renacimiento que es menos utópico de lo que quizás él mismo cree a remolque de la crisis inevitable e ineluctable de un modelo económico político que no puede asegurar una utopía de crecimiento indefinido con recursos que ya sabemos escasos, y que como ha puesto de relieve estos mismos días el terremoto de Japón, ya no permite jugar al aprendiz de brujo con la energía de fisión. Sacristán habla de un posible renacimiento, de la necesidad de un renacimiento, apunta formas, apunta detalles, apunta temas no tan lejanos de algunas cosas que se han oído y se han escrito y se transmiten y se comunican en estos días desde la plaza pública al ciberespacio y del ciberespacio al ágora pública. El Renacimiento no empezó, no lo olvidemos en el quattrocento, empezó el dia en el s.XX en que algunos colectivos humanos decidieron constituirse en comunidades libres, en ciudades n las que pudiera discutirse, como sigue haciéndose todos los domingos en la Piazza de Bologna y han descubierto a hacerlo en la Plaza de Catalunya o en la Puerta del Sol o en la Plaza del Caudillo de Valencia, cara a cara soluciones, a sugerir problemas y a pensar y a recuperar la condición de ser críticos. No hay libertad sin crítica, y no hay renacimiento sin creatividad, crítica imaginación y libertad. Ambos libros se escribieron antes de… Quizás aun no estemos siquiera en la formulación constitucional de las nuevas cartas de libertades de la ciudadanía. Quizás falten años, quizás décadas, pero el Renacimiento esta ahí y es cosa y responsabilidad exclusivamente nuestra.