Behind the window. Marijo Valderrama y los cuidados paliativos

VALDERRAMA, Marijo
Al final de la vida. Historias y narrativas de profesionales de cuidados paliativos
2008, Barcelona: Icaria.
Desde la terraza del ático en el que vive frente al Victoria Eugenia, mientras envejecemos, hemos discutido con la autora sobre la vida, la muerte o el más allá. Sucede con las viejas relaciones y amistades que se fraguan en la tarea de dirigir tesis, de discutir artículos, de compartir ideas. Desde la terraza del ático, frente al Urumea, tienes a la derecha el María Cristina, y al frente la Avenida y el Boulevard. Los donostiarras cruzan, indiferentes, el puente. Se detienen ocasionalmente cuando el pescador paciente saca algo.
Marijo me ha contado muchas historias de la gente que trabaja en paliativos. Me ha contado del silencio que les rodea. Yo le hablé de Xavier Gómez a quien conocí hace dos décadas, del espléndido programa PADES que debería ser la joya de la corona de la Sanidad catalana, el emblema de cómo deben hacerse las cosas en un país que en este aspecto se asemeja a la civilidad nórdica, del silencio que también en el Principado oculta el trabajo cotidiano, sordo, silencioso de esos equipos interdisciplinares compuestos por médicas, trabajadoras sociales y enfermeras – tanto monta, monta tanto – , que suben a los pisos, se sientan con los pacientes y sus familias, se adelantan a sus vacaciones para asegurar la continuidad de cuidados, y no le hacen ascos a arremangarse o a aconsejar lo que su experiencia les permite para asegurar que al o a la paciente y a sus familias, los días, las semanas y los meses que les queden, tengan la calidad y la calidez humanas exigibles cuando te estás despidiendo de este mundo del cual muchos piensan que no hay otro.
Marijo decidió escribirles, puesto que no tenían nadie que les escribiera. Lo hizo porque ella misma estuvo implicada y comprometida, aunque en el libro mantenga la distancia esa que se le supone al antropólogo, y porque quería y creía que el protagonismo debía ser el de ellos, ces pleurs c’était vous, ce sang était le sien, contestó Cyrano cuando Roxana le preguntaba. Marijo se sitúa en ese mismo punto, el punto necesario para que este libro dé la voz a actores anónimos y que quieren seguir siéndolo. Por eso decidió escribir una etnografía de un grupo, de un “caso” que decimos en el argot profesional, de un colectivo singular de gente que a lo largo de varias décadas, y con un componente de voluntariado, y al margen muchas veces de las prioridades en las políticas públicas deciden, por convicción, por compromiso, por voluntarismo , o porque se sienten así bien profesionalmente, ir contra corriente, olvidar las pompas del trabajo biomédico más prestigioso y asumir el papel de los que se hacen cargo de esos momentos de tu vida en que inicias la despedida.
Marijo escribe su memoria y su actividad y eso convierte a este libro, necesariamente menudo, voluntariamente sencillo, pues refleja vidas cotidianas que no buscan oropeles. Es la primera vez que la antropología médica española se ha fijado en esos profesionales, y el resultado es importante puesto que describe, analiza e interpreta qué sucede con los itinerarios de los actores que intervienen en esa tarea profesional especializada y que les somete a una combinación de tensión – por las características de su trabajo – , y si se me permite de devoción, por el fuerte compromiso personal y profesional con sus pacientes, por el camino acelerado que supone hacia una madurez. Muy raras veces tenemos ocasión de conocer sus vivencias y sus sentimientos y en ese punto la sensibilidad de la psicóloga y antropóloga permite tres objetivos: el primero más general pero importantísimo, transmitir la memoria y las contradicciones inherentes a la experiencia del grupo; la segunda analizar las implicaciones teóricas y prácticas asociadas a esa tarea, la tercera poner de manifiesto las carreras personales de los actores implicados.
Muy a menudo, los profesionales más comprometidos con la acción, son reacios a exponer su experiencia. Yo mismo en no pocas ocasiones se lo he dicho en público. Piensan a veces que su objetivo personal, profesional y vital es la acción, menos la reflexión, pero algunos tenemos el sentimiento que así su experiencia no se transmite, no puede proyectarse y el ejercicio de reflexionar sobre ella no puede actuar ni como lenitivo. Por eso a menudo se habla de burnout en esos medios. Aquí Marijo ha optado por ser ella la memorialista del grupo, y el texto se convierte en un instrumento necesario para comprender la complejidad de sus tareas, los mecanismos de defensa que ponen en juego para sostenerla, las dudas y las contradicciones de los actores, el modo como se comprometieron en determinados momentos de sus vidas. A pesar del tono voluntariamente modesto, casi humilde, nada épico con que la autora cuenta sus historias, el libro tiene un enorme valor desde el punto de vista de su función tanto desde una perspectiva formativa como de reflexión y discusión de esta problemática: en efecto, los actores son gente común que quiere seguir siendo común, que no aspira a ninguna épica, sino a un ejercicio de la profesionalidad que saben exige compromiso personal, convicciones y que no espera más reconocimiento que el del trabajo bien hecho.
La sencillez buscada de la obra es lo que permite que pueda ser útil en contextos académicos, en los cuales los estudiantes jóvenes ignoran casi todo de la muerte y de su gestión, en contextos ciudadanos donde es necesario que se descubra y valore la extraordinaria importancia del trabajo de esos colectivos. Todo ello hace de este manuscrito una obra especialmente significativa y merecedora de su publicación. No hay en castellano y al alcance de un público amplio nada parecido, y eso significa que hay un hueco por llenar. Por eso recomiendo vivamente su lectura.