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Enseñar con las dos manos. El sofà amb Domingo Ruano (4)

29.09.2021

L’any 2013, l’Enric Sirvent treballava en la seva tesi de doctorat. Era una etnografia sobre l’ensenyament de l’Anatomia a Catalunya. Va demanar-me que li dirigis la tesi. Vaig dir que si i a partir de les nostres converses va eixir la idea de dedicar un «sofà» a qui jo recordava com el primer professor que vaig tenir a Medicina innovador, espectacular en un context aleshores més avait trist i penós. Es deia Domingo Ruano Gil (Las Palmas de Gran Canaria 1932-2016).

«En distintos posts he hecho referencia a mis geografías sentimentales. Incluyen en un sentido lato espacios, pero también a los que creo han sido mis maestros. Medio siglo de vida académica -entré en la Universidad de Barcelona un mes antes de cumplir diecisiete años- me ha hecho apreciar las enseñanzas de mucha gente, profesores, amigos, libros, alumnos algunos puramente virtuales a los que ni siquiera puedes ponerle cara pero a los que en mi intimidad personal me emociono dándoles las gracias. De mi adolescencia en el Liceo Francés recuerdo a Amalia Tineo, Carme Olivé, Jacinto Nadal y claro está al homenot Pere Ribera Ferrán que fue su artífice».

«Salir del Lycée de Pere Ribera  y aterrizar en la Facultad de Medicina de Taure y Sánchez-Lucas de la calle Casanovas fue demasiado y más tarde comprendí que la anomía de Durkheim la experimentaron mis carnes el curso 1966-67. Sobreviví apenas pero el curso siguiente entró en mi vida Domingo Ruano: joven, con una capacidad didáctica fascinante, con unas tablas que ya quisiera Gérard Philippe encandiló a una cohorte entera de estudiantes desanimados y frustrados. Me di cuenta que Ruano, que explicaba anatomía, que no era precisamente lo que mas me interesaría de la medicina clínica, si enlazaba con Pere Ribera y mis profesores del Lycée. Terminó el curso, tuve un notable, conservé amorosamente sus apuntes pero debí dejarlos a alguien porque no han reaparecido y no supe más de él durante 44 (cuarenta y cuatro) años.
Hace un par de años Enric Sirvent que preparaba una tesis – en un principio una etnografía de las salas de disección -,  quería analizar los cambios en los modos de enseñar y los cambios en los paradigmas teóricos de la anatomía. En una de nuestras conversaciones surgió mi recuerdo de Domingo Ruano y mi entusiasmo por sus clases. Enric pudo contactar con él, y tan importante fue esa relación que Ruano se convirtió en uno de los arcos argumentales de su tesis defendida hace un año. Encantados Enric y yo con el material pensamos en la posibilidad de un El sofà amb… el programa de TVAntropologia cuyas ediciones previas se habían centrado en dos de mis maestros muy queridos Eduardo Menéndez y Lluis Mallart y en mi amigo y compañero de siempre Joan Prat.

Con Enric habíamos pensado en rodar El sofa..amb Domingo Ruano en el anfiteatro anatómico de la Reial Acadèmia de Medicina de Catalunya. Sentía yo cierta inquietud ante la idea de desembarcar en aquellos lares con cámaras domésticas y equipo de fortuna  Además, cuarenta y cuatro años sin tener relación con Ruano era un desafío para una emisión que se basa en una especie de narrativa a deux con colegas que me honran con su amistad. ¡Ruano no podía recordarme ni en broma!

Sirvent logró movilizar a la Escuela Universitaria Gimbernat y su directora Montserrat Antonin, que fue también mi doctoranda, asumió la producción. Ni Enric i yo habíamos trabajado nunca con profesionales, y El sofá… se basa en la idea que no hay un guión formal sino unos simples gatillos para que el protagonista hable. El Sofá no es una entrevista periodística sino un documento visual.  Domingo Ruano negoció con la Académia de la que es numerario que nos permitieses rodar allí. Como esta vez iba a encontrarme con Ruano el mismo día del rodaje pensamos que era necesario que en el rodaje hubiese un alter ego mío para ocupar mi lugar. Alberto Prats, amigo y discípulo directo de Domingo Ruano aceptó sin saber ninguno de los dos qué íbamos a hacer. Alberto nos abrió las puertas de l a sala de disección del Clínic convertida en plató ocasional.

Rodamos dos mañanas enteras. Jordi Renú, realizador profesional no se si las tenía todas al trabajar con dos aficionados. El rodaje fue apasionante. Domingo Ruano y Alberto Prats olvidaron las dos cámaras y el equipo de producción, y el equipo de producción fue quedándose encandilado con lo que veíamos. La segunda jornada la rodamos en el anfiteatro. De nuevo cámaras y protagonista habían de ser libres para decir. Lo hicieron.

Dejamos aparcado el proceso de edición unos meses. Durante un trimestre, cada jueves por la tarde nos encerrábamos cuatro horas viendo planos discutiendo el orden, qué cortábamos y qué no, qué queríamos contar siempre bajo el docto consejo de Jordi Renú.  En ese proceso perdimos el miedo todos, aprendimos los unos de los otros. Mi miedo inicial que fuese un documento frío se desvaneció. El sofá amb… Domingo Ruano ha sido también una forma inolvidable de enseñarnos a los tres a trabajar a dos manos, a poner en imágenes a un personaje fascinante y a expresar en imágenes captadas cuatro décadas después la memoria de un adolescente de diecisiete años que descubre a su primer maestro en la Universidad.»