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Rocieros. Cruzando por Doñana en 1980

8 de junio de 2020

Con Javier Coronel hemos comentado la dificultad de tener imágenes y aun menos cinematografía, del camino que, desde Bajo Guía entre Sanlúcar de Barrameda y Bonanza, cruza el Guadalquivir en barca y continua por carriles de arena hasta la Aldea. Todas las hermandades gaditanas lo siguen.

En la cinematografía rociera- me limito a la producción anterior a 1985 puesto que posteriormente el video ha inundado de imágenes la red-, este camino no tenía documentación accesible, lo cual no significa que no exista. La mopnografia reciente de García Espina, Francisco J., «Miradas cinematográficas sobre la Romeria del Rocío» (Sevilla: Diputación de Sevilla, 2020), y la recuperacion no hace mucho de las películas de Arturo Sarró, entre otras han ampliado el panorama visual de la romería.

No-Do, y yo mismo. por razones de comodidad en mi caso y de presupuesto en el suyo, accedíamos fácilmente al camino de Sevilla al Rocío. Era más complicado rodar en Doñana y tampoco era tan fácil el recorrido onubense por Bodegones. A No-Do y a mi mismo, mea culpa de extranjero, nos deslumbraba el imaginario trianero con sus folkóricas y el famoseo. En Almonteño déjame, que yo contigo la lleve, sin embargo, tuve la suerte del neófito. En 1980, llegamos muy pronto al vado del Guadiamar y tuvimos la ocasión de rodar el paso de la Hermandad de Los Palacios, una caravana ya completamente motorizada y con numerosos «bautizos« de neófitos, antes del desfile más teatral de Triana. Hace poco , Isidoro Moreno explicaba el caso de Los Palacions como el fruto de la mecanización masiva de los latifundios del municipio.

No encontré para Almonteño imágenesantiguas  del paso del río en Bajo Guía. Hace poco, en cambio, la Filmoteca de Andalucia (FA) colgó el documental en 16mm (color) producido por Mino Films en1980 y dirigido por Manuela García de la Vega. De haber visto este documental no cabe duda que habría incluido una cita de uno o dos minutos. Me tuve que conformar con envejecer imágenes malas de las televisiones locales actuales.

Dejo al lector el enlace con la muy completa ficha técnica del documental que se encuentra en el canal Youtube de la filmoteca y voy a limitarme a destacar, en forma de reseña videográfica de este documento que, por sus características tienen un enorme valor para la etnografía visual del Rocío, pero que además, en mi caso, me permite el ejercicio comparativo puesto que la mayoría de imágenes de Almonteño son también de 1980.

A diferencia de los materiales videográficos, el 16mm digitalizado y en HD permite una calidad de imagen extraordinaria. El telecinado de la FA es primoroso y de gran calidad sobre una cinta milagrosamente bien preservada, con muy escasas rayas. El documental digitalizado le convierte en una fuerte documental fundamental para la reconstrucción de la etnografía visual de la romería a finales de los setenta, un periodo de transición no solo política sino también social y cultural. El documental, de 16′ cuenta con una banda sonora de relativa calidad, parte con sonido directo parte con sonido añadido en la banda óptica de la película. La directora optó por una narrativa externa para describir lo que sucede e incorporó algunas voces de romeros.

La película describe el trayecto de Bajo Guía al Rocío y en su parte final, dos o tres minutos incorpora imágenes del Rosario y algunos planos del salto de la Reja. Se trata sin embargo, a diferencia de la mayor parte de Almonteño, un documental sobre «ser rociero» desde la perspectiva de las hermandades de la Bahía de Cádiz y Jerez. Sin embargo la etnografía visual del relato no adopta el carácter de una cámara subjetiva sino que incorpora un cierta vocación de distancia matizada por los relatos de algunos romeros. Lo mismo sucede con el narrador que se centra casi exclusivamente en las dimensiones devotas de la romería. Sin embargo, si transmite el documental el papel identitario relacionado con la devoción del «ser rociero» como eje dominante de una amplia parte de los participantes de la hermandades filiales en 1980. El documental se centra, desde el punto de vista de la imagen precisamente en esa dimensión.

La riqueza de la película está, sin embargo en multitud de detalles, aparentemente menores, pero de  enorme valor etnográfico por la dificultad unas veces de rodar con poca luz, como es el caso de la parada rociera, o de relativa intrusión en la privacidad como las escenas espléndidas de la diana de la madrugada con las prácticas sociales asociadas: lavarse o afeitarse entre otras. Asimismo detacan algunos detalles muy interesantes como son el papel muy importante de las mulas, frente a la casi ausencia de bueyes. Hay ahí un factor diferencial importante con las recuas de bueyes del Aljarafe. las imágenes de docena y media larga de mulas enjaezadas en la barca me produjo un gran impacto así como su trabajo de arrastre por los arenales de Doñana. En segundo lugar, las imágenes de las casas de Hermandad y de las calles de la aldea en el Rocío de 1980 ratifican nuestra propia mirada en ese mismo año.

Rocieros, como Almonteño, no fue una producción de No-Do – que ya no existía- pero tampoco de TVE que había heredado sus fondos – Canal Sur no existía -. Si Almonteño puede considerarse un rodaje amateur al que en 2017 se le da una factura documental, Rocieros forma parte, en 1980, de un proyecto profesional cooperativo que produjo una larga serie de notables documentales de valor etnográfico y patrimonial, parte de los cuales sobre la cultura popular andaluza. No responden ambos a los criterios de los medios de comunicación social y a los compromisos ideológicos, políticos y sociales de estos. Se trata de producciones independientes, Rocieros destinada a ser exhibida en circuitos cinematográficos, el rodaje en super8 de Almonteño como una ilustración destinada a la docencia en su momento.

Eso pone de relieve las coincidencias entre los criterios de selección de los planos en busca de primeros planos del romero de a pie, aunque también del de a caballo, las imágenes de la cotidianidad de las clases populares, los esfuerzos puntuales como esos mozos que tiran tanto o más que las mulas. la diferencia principal esta en el intento de etnografiar un solo colectivo de la complejidad del Rocío, frente al intento, muy de 2015 y menos de 1980 de devolver una imagen global de la complejidad del Rocío. Por eso me choca que no haya ningún plano de la procesión de la Virgen frente a las casas de Hermandad de Sanlúcar o Jerez. El ser almonteño queda como algo reflejado en el fondo de las últimas imágenes.

Descubran pues esta pequeña joya, su coherencia como documental profesional, pero a la vez muy sensible rodado por gente joven en ese tiempo y que merece hoy convertirse en una pieza indispensable para el patrimonio etnográfico visual de la marisma andaluza.