Imágenes y memoria: El congreso de Antropología (León 2011)
Hace cuarenta años apareció en Ethnica mi primera publicación de Antropología. Este tipo de cosas producen un cierto vértigo, cuando piensas que la esperanza de vida en España en 1900 era de menos de cuarenta años. Aun recuerdo cuando mi padre cumplió sus forties, hacia 1961, y le cantábamos
de los cuarenta pa arriba
no te mojes la barriga
Hace cuarenta años, recién terminada la carrera de Medicina, no podía imaginarme que acabaría dedicándome profesionalmente a la Antropología, a pesar de esa primera publicación. Como me gustan estas conmemoraciones personales decidí acudir a León con la intención que fuese, simbólicamente, el cierre de mis participaciones como organizador de simposios en estos Congresos que, para un área de conocimiento pequeña, siempre son algo desmesurados. Además entre mi bautizo «congresístico» en Segovia 1974 y León 2011 los cambios en la profesión son estratosféricos, hasta el punto que en estos eventos conoces cada vez menos gente, y a la vez eres menos conocido o oyes a alguien que dice:
-Ah. ¿ese es Comelles? No habíamos coincidido o no le había puesto cara.
Poner cara, pues si. Hace cuarenta años no podíamos poner caras más que a los inmediatos. Poníamos lecturas de libros sesudos no siempre muy accesibles y en donde lo visual era inexistente. Poníamos cara a un grupo post fundacional de antropólogos, a los que denominé «segunda generación», aunque éramos cuatro gatos mal contados, o sea dos o tres docenas en todo el estado, siblings en la medida que casi todos habíamos nacido entre 1940 y 1952. En León, entre nosotros, un tema no menor era: ¿ya se ha jubilado? ¿Cuándo se jubila? ¿Vas a jubilarte? Errando por los pasillos del campus tenia impresiones contradictorias. Mi mundo se ha desvanecido, hay otro distinto, que me produce curiosidad, al que puedo ponerle caras porque para eso está Google images, que se ocupa de temas fascinantes, de problemáticas que nada tienen que ver con nuestros debates de hace cuatro décadas, pero que supongo que son el producto natural de nuestros debates de entonces.
Decidí esta vez acudir con la cámara-ojo. Consciente. Carecemos de imágenes de nuestro pasado, quizás porque nunca pensamos que el futuro seria visual, por supuesto. Hace cuatro décadas pensábamos en Times New Roman 10 con la Underwood de papà o con la Pluma 22 de Olivetti. Fotos en blanco y negro, conservadas en álbumes preservan algunas imágenes de cómo éramos. Quedan algunas reliquias de vídeos Betamax o VHS, algunos fotogramas en super8. Casi na. Por eso cuando ya soy un dinosaurio en la profesión, especie abocada a la extinción y al olvido, pensé que podía ser útil recoger algunas imágenes en algunos congresos, y si en Donosti hice mis pinitos en una fiesta lúdica en una sidrería de Hernani, en León decidí errar por algunos pasillos, estar en algunas salas y registrar algunas imágenes. No con una voluntad de periodista, ni siquiera de etnógrafo. Se trataba de rodar acá y acullá – con algún criterio eso sí – , con el objeto de restituir un documento visual que no tiene otro objeto que preservar una memoria fugaz que dentro de algunos años pueda quizás servir para mostrar como somos ahora.
Cuando me encerré con el programa de edición para subsanar los inmensos problemas que plantea filmar con cámara-ojo, esto es con material doméstico, sin entrada de sonido, en condiciones de iluminación muy diversas, me di cuenta que bastantes imágenes me gustaban. En algunos y algunas había un considerable glamour y descubrí algún animal cinematográfico. Por eso el video quiere ser un desfile de imágenes, entre socarrón y amable, de nuestra comunidad científica en un campus. No están todos los que son, era imposible en una reunión tan amplia y tan diversa, son todos los que están. Queda que cada uno se busque y se encuentre y tenga una sonrisa amable con la imagen de sí mismo tal como la ví.