Il sofa amb… Tullio Seppilli (6)
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Alla fine del decennio passato ebbi l’idea di un programma di televisione, di quelli che ho denominato Il sofà, un símbolo del nostro Dipartimento. He girato cinque fine oggi: Eduardo Menéndez, Lluis Mallart, Joan Prat antropologi, Domingo Ruano et Josep Danón medici. Sapevo che Tullio doveva essere un altro. Ci riuscì qualche anno più tardi quando, esplorando l’influenza che il volume del corso estivo aveva avuto su uno degli intellettuali organici della pedagogia franchista, Adolfo Maillo. Con Enrique Perdiguero e Isabella Riccò volemmo intervistare e girare un gruppo focale con i fondatori del CSES e in particolare con Tullio. Arrivammo a Perugia agli albori della primavera. Tullio ci aspettava alla Fondazione. Girammo un paio d’ore di video e altrettante d’audio. Cenammo insieme. Lo incontrai per l’ultima volta alla conferenza inaugurale del Medical Anthropology at Home meeting a Bologna. Registrai tutta la conferenza. Fu l’ultima volta che lo vidi. Il sofà, il titolo generico di questo documentario, non posso farlo di fretta. In questo caso chiesi ad Isabella di aiutarmi. Mi sono reso conto che “i sofà” sono per me una sfida personale dato che rimandano ad amici o persone che formano parte della mia geografia sentimentale. Narrarlo è un esercizio che dura mesi, ed implica fare e disfare per cercare di (rie)evocare il personaggio, di impiegare elementi metareferenziali, private jokes, per non rendere funereo il documento finale, ma tutto il contrario, ovvero un modo per rappresentare quel Tullio che mai dimenticherò. Di solito quando termino le riprese chiedo ai partecipanti qual è la loro musica prediletta. Tullio me ne propose una che ho incluso. Quando la proiezione sarà finita, forse alcuni di voi si chiederanno qual è. Altri, invece, sicuramente lo sapranno…

Enrique Perdiguero, Giovanni Pizza, Tullio Seppilli, e Josep M.Comelles ( Zenith, Perugia 2015, Foto: Isabella Riccó)
Abordar un personaje como Tullio Seppilli (Padua, 1928-Perugia, 2017), uno de los fundadores seniors de la antropología médica europea, produce vértigo. En mis anteriores «sofás» los actores estaban vivos. La edición de este en cambio se hizo tras su fallecimiento. Impone más todavía, maxime cuando debíamos trabajar en italiano y tratar de sintetizar una vida que recubre casi un siglo, en el breve espacio de 48′, el límite que me fijo para esas emisiones. Nuestra obsesión, la de Isabella Riccò y la mia, los dos coautores era devolver la memoria de alguien vivo, de un interlocutor que nos habla a través de la pantalla y, a la vez, evocar en el sentido literal del término el «mundo» de Tullio Seppilli. Toda una época aunque mi relación con él se limitó al cuarto de siglo que va desde principio de los noventa a su traspaso. Supimos, desde el primer día que él no podría evaluar nuestro trabajo, si en cambio la miríada de discípulos que evocamos al maestro. En esas condiciones es imposible la objetividad, es indispensable ir más allá de ella, poner de relieve un personaje complejo, fascinante que nos viene de un tiempo que ya no es el nuestro, presentar un personaje con el que cada uno de los que lo conocimos preserva con cariño escenas, anécdotas, vivencias y sentimientos.
Isabella y yo trabajamos medio año. Nos sumergimos en los archivos riquísimos sonoros de folkore musical del centro de Italia, redescubrimos el mundo del documental etnográfico italiano inscrito en el neorrealismo y que sirvió indudablemente de inspiración a Jacint Esteva para su Lejos de los Arboles. Descubrí la canción folk italiana y supe al orila que Il 12 de Dicembro cantado por Lucilla Galeazzi debía formar parte la evocación. Lucilla nos autorizó en una preciosa carta. Vimos y revimos el documental ya terminado docenas de veces, pulimos los detalles pero nos quedaba someterlo al mundo de Tullio. El estreno del documental tuvo lugar en Perugia, durante el Convegno que la Società Italiana di Antropologia médica había organizado en la primavera de 2018 como homenaje a Tullio.

La proyección se haría en el Zenith, una sala de cine como aquellas en que construí mi cinefilia en mi adolescencia. Maderas en las paredes, luces de candelabros, butacas de Terciopelo, telón, proyeccionista como el de Cinema Paradiso. Me estremecí al llegar. La sala se fue llenando.

Se apagaron las luces lentamente. La pantalla se iluminó.
– Cosa a dire…