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Geografías sentimentales. El Manto de la Virgen del Rocío

3 de marzo de 2010

La geografía o los viajes sentimentales nos conducen, una y otra vez, como a Sísifo, al mismo lugar. Hoy he vuelto a pisar las arenas, de nuevo otra vez. La Rocina traía tanta agua que la tentación fue irresistible. Llegas, compras regañá en la panadería de la esquina, y te das una vuelta Un año más pa cantarte/ tu ya nos tienes aquí y entras de nuevo y te sorprendes que el manto de siempre, de colores fríos y de bordados de plata es ahora bermejo. Y te paras, y miras a tu alrededor y decides que no vas a violar, solo por esta vez, la regla que no permite filmar dentro. El que vende lotería en la puerta te cuenta que el manto lo ha regalado, hace apenas un mes, el hijo de la camarista de la Ermita. Te gusta el color, te gusta el manto, te gusta la Virgen guapa, guapa, guapa, bonita, bonita, bonita. Armas el trípode, estrenas el gran angular que te regalaron con la nueva cámara en la Duty Free de Singapur, montas la cámara y tratas de mirar, de puertas afuera, de jugar un poco con las imágenes, la sensibilidad de la cámara y el Cinemascope. Porque para mí, eso del 16:9 es y será Cinemascope o pantalla panorámica, como la del Lido del Passeig de Sant Joan, más allá de Aragón que decían era la mayor de Barcelona. Unos se fotografían a pesar de la prohibición cabe a la reja. Pero yo prefiero el último plano…