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Tambores cercanos

25 de abril de 2011

Edu Comelles : Tambores de Híjar o como Romper la Hora.

Hace mucho, mucho tiempo, visité Híjar en Semana Santa. Ibamos Marta y yo en una furgoneta Pegaso que perteneciera a la empresa de control de plagas de la familia y que olía a desinfectante e insecticida. Por qué Híjar y no la Calanda que Saura mostró en «Peppermint Frappé» para homenajear a Don Luis. Pero le traicioné a El, por Híjar, sólo Híjar.

Híjar era un pueblo ignoto en la nacional de Zaragoza a Vinaroz, clavado en la montaña, de blancos deslucidos, con callejas estrechas que nos devuelven a tiempos de moriscos y una plaza minúscula, porticada, de una sencillez minimalista. Oyendo los tambores, allí en aquella plazuela sentí la emoción del silencio, absoluto, sobrecogedor. Rodé una bobina en Super8 que quedó sepultada en un armario y que he digitalizado recientemente y esta al final de este post. 

Años después, convencimos a Anselmo Allúe de Horna, mi suegro, o mi padre político, zamorano semanasantero, y que salia de una enfermedad que en lugar de ir a la Zamora de penitencia, podríamos acercarnos a Híjar. El año anterior le habíamos acompañado, Marta y Manolo Allué a orillas del Duero puesto que era la segunda vez que le invitaban a dictar el pregón de la Semana Santa. Pero ese año, le convencionos, que no era fácil, de ir a algún lugar más cercano, a un par de horas de Tarragona. Trasegamos su inmensa silla de ruedas por los empedrados de las calles moriscas, oimos los tambores que les rodeaban, los cánticos y la procesión. Le metimos como pudimos en la plaza minúscula, bajo los soportales. Al volver, mientras volvíamos silenciosos entre los almendros floridos del Matarranya y al Terra Alta, nos confesó que los sones de los tambores, los cantos y los silencios le habían emocionado tanto como los de su Zamora.

Luego, Antonio Lasala me hizo comprender su Híjar, el de los tambores confusos.

Un cuarto de siglo más tarde decidimos Manolo, Xavier Allué y yo volver a Zamora. Edu me dice que no puede ir por razones profesionales. Le aconsejé hace tiempo que por su trabajo le conviene ir a Híjar. Le sugerí que hablase con Antonio. Lo hizo. Mientras él está en Híjar yo acompañaré con mis hermanos al Cristo de las Angustias, al Yacente. Vuelvo a casa el domingo, nos llamamos. Está pris como su madre, yo y su abuelo lo estuvimos. Me dice que mire la grabación que hizo. Voy a su post, obedezco sus instrucciones, me pongo unos auriculares razonablemente buenos, leo y escucho. Mis ojos secos se vuelven húmedos.