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Barbie Mama Noel en Singapur

16 de octubre de 2013

Nunca tuve una querencia especial por Barbie. Mi hermana o mis primas en los tiempos siniestros del franquismo autárquico no tenían acceso a ellas y ni conocían su existencia. Se conformaban con las pepes de deu o peponas, muñecas de trapo, con las versiones de la industria alicantina de las muñecas articuladas o la con las reliquias de lujo que habían sobrevivido a la guerra y que adornaban las cómodas de algunas casas. Para Barbies, teníamos las rubias platino de carne y hueso de Hollywood antes de nuestra transformación hormonal. Quizás por esto, estas últimas, no me han gustado jamás. En mi adolescencia los iconos femeninos oscilaban entre el estilo esquelético de Anna Karina o de Jean Seberg, el morbo de Emma Peel en Los Vengadores, o la exuberancia de Ursula Andress hasta que Dominique Sanda, la inolvidable femme douce las destronó.

Crecí y envejecí, las rubias de las series siguen pareciendome aburridas – excepto Saga Noren de la brigada criminal de Malmö -y ya estoy en el tiempo del farewell, lovely. Barbie quedó como uno de los miles de gadgets que el proceso de mundialización ha situado en nuestro panorama visual. Hasta que, en Singapur, el año en que cumplí seis décadas, en el mall, shopping o centro comercial – como quieran llamarle – más pijo del centro de la ciudad estado, Barbie sustituye a Papa Noel en la campaña de ventas navideñas de la ciudad estado.