Skip to main content

La Plaga (II)

22.03.2020

El Dr. Fernando Simón, portavoz del Gobierno del Estado, se sorprendía hace un par de días por no entender porque las cifras alemanas y las españolas eran tan distintas. Según lo escuchado el sábado por la noche de la mano del Dr. Pedro Sánchez Pérez-Castejón, me temo que los responsables de su discurso no solo no entendían nada sino que ni siquiera se habían dignado ver este video oficial del Gobierno Federal emitido hace unos pocos días. No solo me remito a su contenido, que describiré más abajo, sino sobre todo al modelo narrativo y comunicativo que la Cancillera empleó.

El Dr. Simón y el Dr. Sánchez Pérez-Castejón no son antropólogos, yo si. El primero, un brillante epidemiólogo, dice lo que le dejan decir. Lo emparedan entre militares y policías de uniforme y si hace una semana era muy creíble, en los últimos días tras el discurso del Dr. Sánchez Pérez-Castejón, mucho menos. Antes de ver el video de la Kanzlerin tuve la desgracia, el día antes, de ver parcialmente y de leer, sobre todo, el discurso del nuestro Jefe del Estado por la Gracia de Dios (y del Generalísimo). Las diferencias son tan obvias que ese señor fue recibido con una cacerolada mayúsculo. En venganza, según parece, ayer el «facherio» en Madrid le tributó otra cacerolada al Presidente del Gobierno que aunque hizo un discurso vacío y administrativista por lo menos ha ido dando la cara. Yo repiqué cazuelas, simplemente aguanté, por razones profesionales, más o menos 70% de su alocución, pero mi red social bramaba en la red que no soportaban oírle. Falta de credibilidad es la figura..

Como me emocioné con la Kanzlerin, escribí un post en Facebook que ha tenido una notable recepción y muchos comentarios. Angela Merkel es una dirigente conservadora, con un perfil social cristiano- es hija de un obispo presbiteriano-, y puedo disentir de ella en relación con lo que hizo con Grecia o con las políticas de ajuste – que ahora se han venido abajo-, pero aportó una enorme y sincera dignidad personal con la problemática de los refugiados. Por eso me gustaría que quien me lea me lea atentamente no despache el tema con simplezas, diciendo «uy es de derechas» para minimizar su discurso y su liderazgo. Simplezas como las que estamos acostumbrados a oír respecto a algunos personajes políticos de mi país – ya saben cual-.

La Kanzlerin no solo habló para sus conciudadanos, me habló a mí, que no soy alemán y no entiendo del alemán mas que palabras sueltas, pero pude seguirla a partir del subtitulado automático en ingles – en el video la versión en amarillo es la oficial -. Me habló a mi, conciudadano europeo suyo y habló de lo mismo que compartimos todos los ciudadanos europeos conscientes de lo que pasa, de lo que nosotros pensamos de nuestro día a día y de lo que hacemos cada día y que ella, ahora aislada, va a tener que hacef con mayor sensación de riesgo personal hasta que pase el purgatorio de esos catorce día. Describió minuciosamente, a partir de su propia experiencia personal y de la de las personas que la asesoran lo que nos sucede en nuestra vida cotidiana, lo que nos apena y nos hace sufrir a cambio de sacrificarnos por los demás: no poder abrazarnos, no poder tocar a nuestros nietos, la incertidumbre respecto al mañana con que te acuestas y a veces no logras conciliar el sueño. Yo la escuchaba y compartía su diagnóstico, porque en unos pocos minutos, describió «cualitativa» y no solo «cuantitativamente» cuanto está sucediendo. No habló de policias, ni de mossos ni de guardias civiles ni de militares. Agradeció a los profesionales su tarea. Creo que he sido un profesional toda mi vida y no he necesitado aplauso, aunque si me gusta cuando es sentido y espontáneo como el que la población tributa al personal sanitario y al proletariado que asegura el abastecimiento, la limpieza y las faenas que ahora son de riesgo. Proletariado, no otra palabra. Nadie les va a dar

La señora Merkel no llevaba medallas ni escudos. No cambió su estilo de vestir, un vestidito azul parecido al que puede encontrarse quizás en la sección de tallas grandes de H&M, habló con una voz tranquila, mirando al teleprompter porque era muy consciente de lo qué estaba haciendo y diciendo y era consciente de no poder errar. Seguro que tuvo que controlar su emoción. Por eso leyó. Sabía que no podía cometer errores en un texto breve, meditadísimo, sincero a mas no poder. No nos contó nada que no sepamos, porque nos contó lo que ella sabe y que sabemos que hemos de sacrificar nuestra vida social y afectiva, para salvarnos.

Hace medio siglo un gran antropólogo, Robert Edgerton, escribió un libro con un título peculiar, Alone TogetherSocial Order on an Urban Beach, (Solos juntos. El orden social en una playa urbana) para describir la conducta social en las playas de California. El individualismo de la sociedad capitalista se compensa con prácticas de sociabilidad en el espacio público que pueden dar lugar a conductas de aislamiento y privacidad incluso en el espacio público pero que adoptan formas extremadamente diversas según el micro espacio cultural en el que vives. De hecho nuestra vida actual confinados es parecida. Estamos solos, pero vemos a nuestros vecinos a los que no conocíamos y hacemos un gesto de saludo a distancia, o nos comunicamos con con nuestras redes mediante los social media. El uso del espacio público – también del virtual- es tan variado que solo sentimos que nos lo han cercenado cuando no podemos acceder a él. Imagínénse la soledad de todos si esta pandemia se hubiese desencadenado hace más o menos una década.

Yo suelo (solía en el momento presente) viajar un par de meses con mi esposa en una autocaravana a Laponia. Solos en quince metros cuadrados. Es una experiencia singular que, seguro mucha gente puede no entender: «¿Y no conocéis a nadie?». Pues no. Los noruegos suelen decir que el mejor paseo por la naturaleza es el que te permite no encontrar a nadie. Habituados a estar inmersos en gente, nuestro aislamiento en verano es terapéutico: contemplar los pájaros, escuchar el rumor de las olas, mirar al infinito, disfrutar del silencio. Nos damos cuenta ahora, en casa, que es como estar de viaje en verano sin movernos. Alone together. En verano por placer. Ahora por responsabilidad con el conjunto de los humanos.

Kilpisjärvi, Enontekio, Finlandia

Alone together era una etnografía que describía conductas. El mensaje de la Kanzlerin también a escala mucho más modesta. La ventaja de utilizar una perspectiva etnográfica para describir cuánto pasa es que nos vincula al que lo cuenta y al que lo lee o lo escucha a una experiencia personal o colectiva común. Nos reconocemos en el relato racional y emocionalmente.

Mi maestro, Eduardo Menéndez explica siempre en sus clases que es muy distinto hablar de «mortalidad», estadística, que de muerte, una experiencia cualitativa . Yo lo parafraseo de otra manera y suelo contar que , «nuestras tasas de mortalidad infantil son las mejores del mundo salvo si es mi hijo o mi nieto el que muere». Angela Merkel nos habló desde esta perspectiva, desde un yo común. No prometió nada, describió el panorama que vive, y que ella misma, con todo su poder, está estrictamente en nuestras manos, los ciudadanos que asumimos que debemos aislarnos y sacrificar nuestra vida social. Ella también es un peón de la acción social. Porque sabe que todo su poder no puede resolver el problema. Está en nuestras manos como nosotros estamos en manos de quienes saben cuando la enfermedad se desencadena: salubristas, epidemiólogos profesionales distintos de la sanidad y quienes sostienen la logística alimentaria. Entre la respuesta sanitaria posible en 1918 que mató unos 20 millones de personas y la actual hay una distancia enorme, afortunadamente.

Un par de reflexiones finales. No dudo que quienes lean esto puede que aun sorprendan que aplauda a la Sra. Merkel. Pues si, he oido su discurso y ESE es el discurso que hay que hacer AHORA, no los que se han hecho esta semana por parte de las autoridades. la auctoritas no reside en la posición de poder. Angela Merkel sabe que su poder es el mismo que el mío, por eso la comprendo y se que me comprende, cómo nos comprendemos cuando estamos movilizados en esta circunstancia.

Les decía hace algunos días que el discurso oficial había ignorado las variables culturales. En España absolutamente y creo que por mi trayectoria académica puedo hablar bastante de ello. La hegemonía de las aproximaciones estadísticas a la realidad es relativamente reciente, más o menos un cuarto de milenio. Ha contibuído decisivamente a la medicalización de la sociedad y a la seguridad que el dispositivo sanitario nos ofrece hoy. El cuantitativismo encaja perfectamenet, de ahí su hegemonía con el trinomio: liberté, égalité fraternité una sociedad de ciudadanos pero que, demasiado a menudo menosprecia el papel de lo cultural y la diversidad enorme del continente. Y lo cultural es determinante en la toma de decisiones de ciudadnos y grupos relativas a la salud, la enfermedad y la atención. Por eso se sobrecargan las urgencias en periodos sin pandemia y por eso el 061

Mi buen amigo Manel Fuentes, historiador y Canónigo de la Catedral de Tarragona reivindica, como yo esa condición, en una serie de posts que va colgando cada día en Internet. Utiliza los ejemplos bíblicos desde una perspectiva nada proselitista. Es un excelente historiador y sabe utilizar la fuentes muy adecuadamente y es capaz, porque también es cura de pueblo apegado al terruño, comprender y compartir. Le aplaudo cada día, siendo apóstata, recomiendo le lean. Su relato es obviamente cristiano, es creyente y es su profesión, pero sobre todo trata de hablar a la gente que conoce, a mi mismo, porque es mosén de varios pueblos y está en contacto con el sufrimiento social y las angustias locales. Lo local es hoy fundamental. Yo vivo en un pequeño pueblo y compartimos un montón de cosas. Casi nadie esta en la calle. Aun comunicándonos por los «social media» nosotros, o yo desde esta tribuna nos comunicamos con algunos centenares de amigos, compañeros, parientes o gentes a las que no conocemos pero que les interesa desde lo que escribimos. También sonos una pequeña comunidad local en la que coincidimos Manel y yo, que compartimos nuestra vocación historiográfica común y por su papel de conservador del Arxiu Archidiocesà de Tarragona, somos conscientes de nuestra responsabilidad. Yo por edad que me ubica en un escenario de riesgo se que mi tarea es mucho mas limitada que la suya: transmitir, comunicar, tratar de poner algo de sentido común. Esperemos que por mucho tiempo.