{"id":150,"date":"2008-12-30T14:43:00","date_gmt":"2008-12-30T14:43:00","guid":{"rendered":"https:\/\/josepmcomelles.com\/?p=150"},"modified":"2025-03-01T11:47:54","modified_gmt":"2025-03-01T11:47:54","slug":"la-tesis-del-sur","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/josepmcomelles.com\/es\/la-tesis-del-sur\/","title":{"rendered":"La Tesis del Sur de Pedro Cantero"},"content":{"rendered":"\r\n<p class=\"uk-align-right\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-1113 alignleft\" src=\"https:\/\/josepmcomelles.com\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/pedro-cantero-by-monique-1-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"556\" height=\"556\" srcset=\"https:\/\/josepmcomelles.com\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/pedro-cantero-by-monique-1-300x300.jpg 300w, https:\/\/josepmcomelles.com\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/pedro-cantero-by-monique-1-150x150.jpg 150w, https:\/\/josepmcomelles.com\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/pedro-cantero-by-monique-1.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 556px) 100vw, 556px\" \/>A Pedro Cantero<\/p>\r\n<p>Hace muchos, muchos a\u00f1os, un verano caluroso y seco. Navegaba al Norte del Alosno. Mi esposa dormitaba en el asiento del pasajero. Las chicharras no paraban de cantar. Ten\u00eda sue\u00f1o. Me detuve. Enfrente una puerta con un letrero pintado a mano. Bar. Entr\u00e9. Ella qued\u00f3 en el coche. Ped\u00ed un caf\u00e9. Dos hombres se miraban apoyados en sus codos. Eran figuras sim\u00e9tricas ligeramente inclinadas, uno a la derecha, otro a la izquierda. No se o\u00edan las chicharras. El mostrador era alto, limpio. Algunas botellas medio vac\u00edas en anaqueles. Lleg\u00f3 el caf\u00e9. Un hombre empez\u00f3, con una sonrisa de medio lado, a cantar un fandango, mirando al otro. Luego, el otro se lo devolvi\u00f3.<\/p>\r\n<p><i>tir\u00e9 suspiros al viento<br \/>y el viento los recog\u00eda<br \/>y t\u00fa ni por un momento<br \/>recoges la pena m\u00eda.<\/i><\/p>\r\n<p>Intentaba tomar el caf\u00e9 con sorbitos de ni\u00f1o, para que durase. Los fandangos se alternaban y supe que yo no estaba all\u00ed, que me hab\u00eda convertido en una figura invisible a la que era dado, una tarde de verano caluroso y seco gozar de algo que nunca jam\u00e1s gozar\u00eda. El tiempo se detuvo. No s\u00e9 cuanto tiempo estuve all\u00ed, no mucho pero me pareci\u00f3 eterno. Luego pararon de cantar. Salieron. Musit\u00e9 algo al hombre del bar. Pagu\u00e9 el caf\u00e9 y sal\u00ed a la calle. Villanueva de las Cruces se desvanece y estoy tumbado en la cama, a la vera del Mediterr\u00e1neo. Tengo en mis manos Del senti-miento, la tesis de Doctorado de mi colega Pedro Cantero, un castellano viejo que migr\u00f3 de la Ribera del Duero al And\u00e9valo. Es una tesis ins\u00f3lita, de las que solo pueden hacerse cuando las nieves del tiempo pltean la sienes. Nos conocimos por mis pasiones rocieras, y me propuso hace un tiempo que estuviese en su tribunal de tesis. Descubro que \u00e9l como yo viaj\u00f3 de la salud mental a la antropolog\u00eda, y que el, como yo quiso viajar al Sur y llegamos ambos a entrever el Sur que Iciar Bolla\u00edn no sabemos si lleg\u00f3 a ver desde la Zamora de su ni\u00f1ez que se invent\u00f3 Erice.<\/p>\r\n<p>&#8211; Una tesis, me dijo Pedro, pero no te asustes, son 850 p\u00e1ginas a\u00f1adi\u00f3, medio disculp\u00e1ndose.<\/p>\r\n<p>Pedro y yo andamos ya canos por el mundo y a estas alturas del partido que es la vida, hacer una tesis en su caso, o una memoria de oposiciones en el m\u00edo acaba siendo algo con lo que no pretendes que nadie te examine, porque lo que quieres es disfrutar escribiendo y so\u00f1ando, aunque te veas obligado a frenar tu libertad porque las convenciones son las convenciones y esto no deja de ser un examen. Dicen que los que venimos de la salud mental, de tanto andar con locos algo se nos pega.<\/p>\r\n<p>Quiz\u00e1s s\u00ed. Abro el libro, ojeo el \u00edndice, me llama la atenci\u00f3n el comentario sobre los ep\u00edgrafes. Siento un cosquilleo de complicidad. En la p\u00e1gina 31, el aprendiz se doctora con tres p\u00e1ginas. Las termino excitado, emocionado, pris, tiro el l\u00e1piz de colores al suelo, subo la persiana, digo que me olviden de m\u00ed un buen rato y empiezo a so\u00f1ar despierto.<\/p>\r\n<p>En una tesis uno suele felicitar formalmente al doctorando y a su director aunque lo le\u00eddo sea lo que sea. Luego, tras la laudatio al pobre doctorando se le critica con sa\u00f1a. Pero, \u00bfes posible ese ejercicio ritualizado tras el gozo? Gozo porque mi lectura no tiene nada que ver con el ejercicio de obligado cumplimiento que le toca a uno, una y otra vez a lo largo de su carrera acad\u00e9mica. Gozo porque tiene que ver con mi sentimiento, con mis experiencias unas millas m\u00e1s al Sur que \u00e9l, con nuestras experiencias comunes de la salud mental a la Antropolog\u00eda, con nuestras experiencias y nuestras dudas comunes sobre nuestras identidades profesionales. Gozo porque cuenta magistralmente y me devuelve a mis experiencias en el Sur, me ayuda a comprender lo que no supe expresar, o lo que nunca fue discible. Gozo por lo que evoco. Yo no puedo leer esta tesis como un vocal de tribunal que juzga a un jovencito brillante de treinta a\u00f1os. Yo no conoc\u00eda a Pedro personalmente, nos hab\u00edamos encontrado ocasionalmente, hab\u00eda le\u00eddo cosas suyas porque conectaban con cosas m\u00edas del Sur, pero nunca hab\u00eda abordado la historia y los efectos de su viaje a Quimera-Galaroza y hete aqu\u00ed que tropiezo con Quimera y con el modo que lo cuenta, con un punto de tristeza melanc\u00f3lica porque \u00e9l y yo ahora ya restamos y no sumamos. Y su tristeza y la m\u00eda son parejas puesto que narra \u00e9l y quise narrar yo un mundo que se ha desvanecido bajo nuestros pies, que ha conformado nuestra geograf\u00eda sentimental, y en el que m\u00e1s all\u00e1 de los resultados acad\u00e9micos o cient\u00edficos decidimos en un instante de nuestras vidas rescatarlo para nosotros mismos aunque intentando que sean otros que tambi\u00e9n lo rescaten del modo como nosotros lo hemos sentido.<\/p>\r\n<p>Y leo como en una nube las narrativas de los rituales, como Pedro nos conduce como un gu\u00eda experto, sin decirnos mucho, de modo que seamos nosotros que descubramos los rincones secretos, del mismo modo que el narrador descubr\u00eda le petit pan de mur jaune en la vista de Delft de Vermeer. Pris en el relato me enfado cuando Pedro me lleva a la realidad de la tesis y me suelta un chorro de citas eruditas, algunas no sin iron\u00eda, pero concedo que las necesita porque son los posos con los que ha podido conformar el relato, son tambi\u00e9n retazos de su vida, im\u00e1genes, frases. Paso deprisa y me sumerjo de nuevo en la lujuria de un lenguaje que, sin necesidad de caer en el naturalismo o el (mal) llamado realismo etnogr\u00e1fico, se compone de estampas impresionistas, de peque\u00f1\u00edsimos detalles nimios entresacados de biograf\u00edas y de entrevistas de largo recorrido sin esos odiosos, espantosos y dignos de ser prohibidos p\u00e1rrafos entrecomillados trascritos directamente de la grabadora que hemos de sufrir cada d\u00eda de nuestras vidas en esta profesi\u00f3n que adoro.<\/p>\r\n<p>Aqu\u00ed no, el autor es autor y narra como ve, como oye y como siente, , y es en este sentimiento en el que el lector queda atrapado y Galaroza-Quimera queda suspendida en el aire y nos transportamos a su interior como seres transparentes a los que nos ha sido permitido el placer, el gozo de estar presentes y de vivir lo que el vivi\u00f3. Vivir y sentir a la vez experiencias vividas y sentidas, pero al diferencia del \u00e9l apenas escritas de mis goces y mis sentimientos en un Sur m\u00edtico que ya no se si es verdad o si es so\u00f1ado o si es simplemente la necesidad que tenemos de fijarlo. De vez en cuando me dec\u00eda mientras le\u00eda, pero esto no puede ser ya, esto seguro que ha cambiado, cuando pas\u00e9 por ah\u00ed hace un par de a\u00f1os ya no era as\u00ed. Pero tanto me da, estas etnograf\u00edas no pretenden ser una verdad hist\u00f3rica, est\u00e1n hechas para representar emociones que corresponden a periodos hist\u00f3ricos determinados.<\/p>\r\n<p>Cuando haga falta ya habr\u00e1 quien triangule con otras fuentes esta fuente etnogr\u00e1fica y la releer\u00e1 de otro modo. A Pedro hay que aceptarle el derecho a ser libre y a ser autor. Y es que en el relato de Pedro, o quiz\u00e1s sea mi percepci\u00f3n de su lectura, hay la necesidad de fijar algo que ya se ha ido, como hiciera Proust y que forma parte de \u00e9l. Y me replicaba a m\u00ed mismo, olvida tu condici\u00f3n de vocal de tribunal, esto no puedes leerlo as\u00ed, esto es como a ti te gustar\u00eda haberlo hecho porque Pedro cuenta su vida sobre la vida de los otros, y su tristeza es la misma que tu reflejas cuando reconstruyes tu geograf\u00eda sentimental, y si alg\u00fan d\u00eda escribes lo que le debes al Sur y a tu Sur, este libro ser\u00e1 t\u00fa referencia. Vida, porque como sucede en los etn\u00f3grafos con largas trayectorias en un lugar determinado, como Luis Mallart, es imposible disociar la vida personal y la etnograf\u00eda, mucho menos escribir fr\u00edamente, distantemente, sobre un proceso que tiene tanto de ritual inici\u00e1tico que le cambia a uno y hace suyos aquellos versos de Baudelaire<\/p>\r\n<p><i>Un coeur tendre, qui hait le n\u00e9ant vaste et noir \/du pass\u00e9 lumineux recueille tout vestige<\/i><\/p>\r\n<p>Puesto que es lo que queda de la vida y de las gentes con las que ha vivido, con las que ha so\u00f1ado, a las que ha ofrecido su presencia transparente y les ha permitido ocasionalmente liberarse y a las que ha acompa\u00f1ado a su \u00faltima morada.<\/p>\r\n<p>Termin\u00e9 la lectura y me dije, perplejo. Y ahora que vas a decir. Esto es una Tesis pero no puede juzgarse, o por lo menos no pienso juzgarla. Ser\u00eda juzgarme a mi mismo. Decid\u00ed sacar mi vena loca y inici\u00e9 el ejercicio de leer de la tesis al rev\u00e9s, del final al principio, tumbado en la cama. Empec\u00e9 con los hombres y fui siguiendo hasta las v\u00edrgenes y el paisaje, pasando por los gozos, y me salt\u00e9 casi todo lo erudito. Y aun, siguiendo los sabios consejos de Pedro Cantero correte\u00e9 por el breviario extra\u00f1amente surrealista que cierra el enorme volumen. Si la primer hab\u00eda sido fascinante, el recorrido inverso no era para menos. Pod\u00eda haberse escrito al rev\u00e9s. Me fascin\u00f3 el juego, y descubr\u00ed que el propio Pedro insin\u00faa en alg\u00fan lugar, ir de los hombres y las mujeres a las v\u00edrgenes y los rituales. Poco en la antropolog\u00eda espa\u00f1ola se ha escrito tan bien, Pedro pone el list\u00f3n alt\u00edsimo por su tremenda habilidad en emplear lo nimio, la descripci\u00f3n casi entomol\u00f3gica con una econom\u00eda de medios tremenda y con el uso de las elipsis y un habil\u00edsimo uso de las letras de las canciones o de los idioms de sus amigos para construir un mundo que no es solo ya etnogr\u00e1fico sino literario. No sab\u00eda yo que era castellano viejo, hasta que lo descubr\u00ed en su texto, y ah\u00ed se acrecent\u00f3 mi admiraci\u00f3n por un lenguaje que s\u00f3lo muchos a\u00f1os en Al-Andalus puede modelar. Ah\u00ed es na la comparaci\u00f3n entre la religiosidad castellano-vieja, las devociones procesionales de Zamora de rigor, negritud, silencio y sobriedad con la explosi\u00f3n barroca de la andaluza.<\/p>\r\n<p><i>Maio, maduro, maio Sevilla, 2007<\/i><\/p>\r\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hace muchos, muchos a\u00f1os, un verano caluroso y seco. 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