Series de televisión, cinematografia y etnografia
A principios de los sesenta, en el blanco i negro de la pantalla tonta, mi generación descubrió la ficción televisiva, esto es las series o TVshows: Perry Mason, El Virginiano, Surfside 6 pero sobre todo Los Vengadores con Emma Peel (Diana Rigg, 1938-2020), el colmo de la experiencia erótica, fetichista y visual adolescente en mis años de preuniversitario. Nunca pensé, pero, que las series televisivas acabarían formando parte de mi vida profesional. Cómo, un cinéfilo de pro, como yo, podía considerar las series un género mayor. He de confesar que Los Vengadores, El Prisionero -series británicas de los sesenta – también Downstairs, upstairs – para un cinéfilo con especial querencia hacia la ciencia-ficción o el thriller de calidad, pero también por los retratos sociales, significaban una contradicción inconfesable. Cómo aceptar su valor cinematográfico y narrativo sin haber de reconocer que la televisión era algo más que la caja tonta, o la versión seséntica del divertissement pour ilotes que sirvió a Paul Valéry para caracterizar el cine del primer tercio del siglo.
Confieso que erré. A medida que la decadencia del cine parece más evidente por las trasformaciones que han sufrido los criterios de exhibición: desde los cines de barrio de programa doble a los palaces de estreno de mi adolescencia, a los multicines y más recientemente a la visualización doméstica primero con el nivel de calidad baja del video analógico hasta el visionado actual en HD en las tabletas y las pantallas de plasma de 16:9, las series han sustituído la imaginación presente en las series B y en los Harrihausen o Tourneurs , y han abierto un nuevo espacio a la narrativa visual, tanto de ficción pura y dura como de ciencia ficción como en las extraordinarias Farscape y Battlestar Galáctica. Narrativas que en el primer caso se mueven en registros naturalistas, que no desmerecen en absoluto al neorrealismo italiano – Rossellini hizo también televisión convencido que era el futuro – , en The wire, Southland o Terriers o a un realismo próximo a Dickens, Balzac o Pérez Galdós como en la extraordinaria comedia humana que son los sesenta episodios de Los Soprano.
Desde el punto de vista cinematográfico, lo que se está viendo es en muchos casos sorprendente y abre un debate sobre el valor etnográfico (cinematográfico) de la ficción en televisión. Descubro como los ritmos de los episodios entre 30 y 60 minutos permiten guiones que, recuperan el valor entomológico de la mirada etnográfica. Suponen, por parte de guionista y equipos de producción de un trabajo de observación que implica, incluso en Treme un periodo previo de fieldwork. La escena del entierro en el primer episodio de esta última tiene un valor documental enorme, pero también, en todas ellas es posible aislar secuencias, escenas y aun episodios enteros cuya única finalidad es más la etnografía que el propio desarrollo de los argumentos. También Flaherty hubo de ficcionalizar Nanook y Visconti lo hizo en La terra trema y aun en Rocco e il suoi fratelli, y no es menor la calidad visual y narrativa de algunas series actuales serán servidos en general por actores en estado de gracia y con una cinematografia que a menudo desborda la funcionalidad artesanal que se les supone a los directores para alcanzar soluciones de vanguardia, como en bastantes episodios de Breaking Bad.
Mi inmersión en la ficción televisiva me hizo aproximarme, hace algunos años también a los medical dramas. Desubrí materiales fascinantes que podíans er útiles para mis clases sobre la medicalización de la sociedad actual. Descubrí ejemplos visuales extraordinarios, descubrí que podia narrar en una clase utilizando insertos de clip en la narrativa global, y que eso me reconciliaba con mis pasiones cinéfilas y ahora – no me gusta el término – seriéfilas. Tanto es así que mis colegas de la Rovira Virgili me propusieron un seminario sobre el tema, y sobre ese preparé el que impartí en la Escuela de Enfermeria Gimbernat. Lo filmaron pulcramente y aunque por razones de copyright no pudieron incluir los clips, el resultado final no deja de ser una alternativa a los posts escritos.
P.S. He hablado de Los vengadores al principio. Como este post combina lo personal como lo académico. confieso que soy fan indiscutible de 24 y de Jack Bauer. Entre Los Vengadores y 24 hay una vida en medio, y Renée Walker (Annie Wersching, 1977-2023) en la séptima temporada de 24 fue para mi la reencarnación de Emma Peel en mi edad madura.